domingo 8 de febrero de 2009

Canelo


Los perros mantenemos una relación con el hombre desde hace más de 15.000 años,una relación de amistad, colaboración y fidelidad que no siempre el hombre sabe corresponder.

Esta fidelidad del perro para con el hombre, en concreto para con sus dueño, ha sido recogida y reflejada en la literatura por múltiples escritores, por ejemplo el escritor Mark Twain, decía “Recogéis un perro que anda muerto de hambre, lo engordas y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre”.

Un ejemplo clamoroso de esta lealtad del perro para con el hombre, lo tenemos en un perro gaditano: Canelo, que escribió una de las más bellas páginas de amor de un perro para con su dueño. Aunque ya han pasado más de diez años, su historia y su ejemplo de fidelidad sigue siendo recordada por los gaditanos.

La historia es sencilla, Canelo era un perro cuidado y querido por su dueño, cuando este enfermó y necesito ir diariamente al Hospital “Puerta del Mar” de la capital gaditana, también conocido popularmente como “La Residencia”, para recibir tratamiento de diálisis, Canelo lo acompañaba diariamente hasta la puerta del Hospital, donde se quedaba esperando pacientemente en la misma, hasta que su dueño terminaba su sesión de diálisis y lo recogía para volver juntos a casa.

Hasta que un día la enfermedad de su dueño se agravó, quedó ingresado, y Canelo siguió esperándolo en la puerta del Hospital, el dueño no salió más del Centro, pues falleció y como digo Antonio Burgos: “Como los perros no leen las esquelas del diario, el "Canelo" no supo nunca que su dueño había muerto en aquel hospital. Y allí continuaba, esperándolo”.

Doce años estuvo Canelo esperando que su dueño, volviera a recogerlo, montando guardia en la puerta del Hospital, viviendo de lo que le echaban de comer las gentes en los porches del mismo y escribiendo una de las más hermosas muestras de fidelidad canina que conocemos.

Un día los laceros de la perrera municipal lo cogieron, porque al parecer hubo una denuncia de un vecino cuyo perro había sido atacado por ese perro vagabundo que montaba guardia en la puerta del hospital. Pero los trabajadores del Hospital y los vecinos, conocedores de su historia se movilizaron y pidieron su indulto, que fue firmado por el Teniente de Alcalde Sanidad, mediante decreto, donde le perdonaba la vida.

Vivió varios intentos frustrados de adopción, pues siempre acabó regresando a la puerta del Hospital, hasta que fue adoptado por una asociación ecologista, Agaden, que lo vacuno, le dotaron de papeles en regla y continuó esperando, cuidado por la gente que le daban de comer como si fuera suyo.

Al cabo de los años, la espera de Canelo terminó cuando fue atropellado por un coche, el pueblo gaditano en un gesto inédito, encabezado por el colectivo ecologista Agaden, y las Federaciones de Asociaciones de Vecinos 5 de Abril y Cadice, iniciaron una campaña para que su nombre se le diera a una calle, petición que fue atendida y se le dio su nombre a una calle peatonal que el animal frecuentaba, en la cual se grabó una pequeña placa conmemorativa y se instaló una pequeña escultura.

Su caso tuvo revuelo internacional, apareciendo en muchos periódicos y siendo objetos de reportajes de cadenas televisivas internacionales como la BBC.

Comentado la historia de Canelo y como homenaje al mismo, el escritor Antonio Burgos, nos dejó estas palabras: “Sé, Canelo, noble y leal perro gaditano, que estás en la gloria de los perros, porque te la ganaste en vida. No hay mejor gloria que la memoria, Canelo, y tú ya la tienes. Hasta has librado a tu raza canina del baldón de tu nombre. ¿Habrá algo más generoso, agradecido y desprendido que hacer el canelo, Canelo, como tú lo hacías, esperando a un dueño que nunca había de volver? Tú, Canelo, nunca hiciste el canelo. En todo caso, quienes hacemos el canelo somos los que esperamos encontrar en los hombres sentimientos como los tuyos, que ya, ay, sólo se encuentran en los perros.”


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