Por qué me cargué a aquel tipo
Permitan a esta perrita, en la foto con mi amigo Lucky, que continúe ofreciendo algunos versos de poesía dedicada a los perros.
Tienen dos cosas positivas, la poesía, hoy en día tan poco leída y, la defensa de los animales realizados por grandes escritores.
Tienen dos cosas positivas, la poesía, hoy en día tan poco leída y, la defensa de los animales realizados por grandes escritores.
En esta ocasión se trata de un poema publicado en "Vida de Perros" por el escritor José Luis Gracia Mosteo, natural de Calatorao (Zaragoza), 1957. Licenciado en Filosofía y Letras por la Autónoma de Madrid, es durante parte de los 80 uno de los responsables de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, ha ejercido como crítico literario en determinadas publicaciones. Escritor, con diversas novelas publicadas y ganador de diversos premios. Actualmente es delegado de la Asociación Aragonesa de Escritores en Madrid y profesor. Inicia un acercamiento a la poesía con su libro La balada del Valle Verde, publicado en 2003
Por qué me cargué a aquel tipo
¿tiene pan? ¿puedo hacerme un bocadillo?, no
tema, soy gente de paz,
verá, nunca me ha gustado la autoridad, siempre
he soñado con el cielo por tejado,
las manos por almohadas, la barra de un garito;
siempre he sentido nostalgia de los caminos,
de zapatos mojados por la lluvia, de mujeres
desdichadas y acogedoras,
de camionetas, granjas y pajares tibios, ya sabe,
la vida es compraventa,
los sueños por un empleo, y el mío era una
gasolinera, una mujer y un chucho:
siempre soñando con una cabaña y un cartón de
tinto, y casi los tenía,
salvo por aquel colega empeñado en hablar de
fútbol; "Yo no puedo", dijo
cuando me regaló la entrada, "Vete tú en mi
sitio"; una hora después lo pillaba
encamado con la jai y al perro atado y herido;
fue cuando cogí la escopeta,
cuando disparé: "Puedes robarme la piba, echar
gasofa de momio,
pero nadie en este mundo, nadie, le pega a un
amigo"; será lila: nunca me gustó el fútbol;
y usted, jefe, tranqui, no se preocupe por la esco-
peta: es para los malos bichos.
¿tiene pan? ¿puedo hacerme un bocadillo?, no
tema, soy gente de paz,
verá, nunca me ha gustado la autoridad, siempre
he soñado con el cielo por tejado,
las manos por almohadas, la barra de un garito;
siempre he sentido nostalgia de los caminos,
de zapatos mojados por la lluvia, de mujeres
desdichadas y acogedoras,
de camionetas, granjas y pajares tibios, ya sabe,
la vida es compraventa,
los sueños por un empleo, y el mío era una
gasolinera, una mujer y un chucho:
siempre soñando con una cabaña y un cartón de
tinto, y casi los tenía,
salvo por aquel colega empeñado en hablar de
fútbol; "Yo no puedo", dijo
cuando me regaló la entrada, "Vete tú en mi
sitio"; una hora después lo pillaba
encamado con la jai y al perro atado y herido;
fue cuando cogí la escopeta,
cuando disparé: "Puedes robarme la piba, echar
gasofa de momio,
pero nadie en este mundo, nadie, le pega a un
amigo"; será lila: nunca me gustó el fútbol;
y usted, jefe, tranqui, no se preocupe por la esco-
peta: es para los malos bichos.

