En que piensan los animales
La revista National Geographic, publica en su edición de Marzo 2008, un magnifico reportaje con el título “En que piensan los animales”, realizado por Virginia Morell, con fotografías de Vincent J. Musi
En dicho artículo se argumenta que los humanos no somos los únicos seres vivos con capacidad de imaginar, inventar o planificar el futuro. Los investigadores han hallado evidencias que demuestran que otros animales también pueden aprender, razonar y pensar por sí mismos. Con respecto a los perros, nos habla de Betsy, una Border collier, que aprende y retiene un vocabulario cada vez más amplio, comparable al de un niño de dos años.
Betsy, en la fotografía y de seis años de edad, puede asociar nombres a objetos específicos más rápido que un gran mono; su vocabulario es de 340 palabras y sigue en aumento. Su intelecto quedó de manifiesto desde muy joven: a las 10 semanas podía sentarse cuando se le pedía que lo hiciera, y pronto aprendió nombres de objetos y se apresuraba a ir por ellos –pelota, cuerda, papel, caja, llaves y docenas más–. Ahora relaciona por lo menos a 15 personas con su nombre real, y en pruebas científicas se ha probado que tiene habilidad para asociar fotografías con los objetos que representan. Dice su propietaria: “Ella es un ser humano con figura de perro. Estamos aprendiendo su lenguaje, y ella está aprendiendo el nuestro”.
El artículo nos indica cómo se inicia esta investigación, a raíz de aparecer en la televisión alemana en 2001, un border collie de nombre Rico, que era capaz de saber el nombre de unos 200 juguetes y aprendía con facilidad el de otros nuevos.
A raíz de esto unos investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, toman contacto con los dueños y elaboran un informe científico sobre la insólita capacidad de Rico para el lenguaje.
“… Rico era capaz de aprender y recordar palabras tan rápidamente como un niño pequeño. Otros científicos habían demostrado que los niños de dos años (que adquieren unas diez palabras nuevas al día) disponen de un conjunto innato de principios que dirigen esa tarea. Tal capacidad se considera uno de los pilares fundamentales en la adquisición del lenguaje. Los científicos del Max Planck sospechan que esos mismos principios rigen el aprendizaje de Rico, y que la técnica que emplea el perro para aprender palabras es idéntica a la que usan los humanos.
Los investigadores se lanzaron entonces a la búsqueda de otros perros con un talento comparable al de Rico. Sólo dos (ambos border collies) poseen una habilidad semejante. Uno de ellos, una hembra a la que los científicos llaman Betsy, tiene un vocabulario de más de 300 palabras.
[Ni siquiera nuestros parientes más cercanos, los grandes simios, pueden igualar a Betsy. A ella le basta oír una palabra una o dos veces para saber que ese patrón acústico corresponde a algo], afirma la psicóloga cognitiva Juliane Kaminski, que trabajó con Rico y ahora está estudiando a Betsy. Ella y su colega Sebastian Tempelmann han viajado a Viena para someter a Betsy a una nueva batería de pruebas.
[La comprensión que tienen los perros de las formas de comunicación humana es algo de evolución reciente – dice Kaminski -, algo que se ha desarrollado en ellos debido a su larga asociación con los humanos.] Aunque Kaminski aún no ha hecho pruebas con lobos, no cree que tengan esa habilidad para el lenguaje. [Quizás esos collies son especialmente buenos para esto porque son perros de trabajo y están muy motivados, y porque en su función tradicional de perros pastores tienen que prestar mucha atención a sus amos.]
Los científicos creen que los perros fueron domesticados hace unos 15.000 años, un período relativamente breve para el desarrollo de habilidades lingüísticas. Pero, ¿hasta qué punto se parecen estas habilidades a las de los humanos?
Para el pensamiento abstracto, nosotros usamos símbolos. Kaminski y Tempelmann intentaban averiguar si los perros también pueden hacerlo.
La dueña de Betsy, a quien llamaremos Schaefer, llamó a la perra. Kaminski dio a Schaefer un paquete de fotos en color y le pidió que eligiera una. Cada imagen mostraba, sobre fondo blanco, un juguete para perros que Betsy nunca había visto ¿Podría Betsy relacionar una imagen bidimensional con un objeto tridimensional?
Schaefer le enseñó la foto de un Frisbee con los colores del arco iris y la animó a buscarlo. Betsy contempló la fotografía y la cara de Schaefer, y después corrió a la cocina, donde estaba el Frisbee colocado entre otros tres juguetes y las fotografías de cada uno de ellos. Cada vez que hicieron la prueba, Betsy lleva a Schaefer el Frisbee o la fotografía de este.
[No habría sido un error si sólo le hubiera traído la fotografía – dijo Kaminski -.Creo que Betsy puede usar una imagen, sin el nombre correspondiente, para encontrar el objeto. Pero harán falta muchas más pruebas para demostrarlo.]
Aun así, Kaminski no está segura de que otros científicos acepten alguna vez su descubrimiento porque la capacidad de Betsy para la abstracción, por insignificante que pueda parecernos, se acerca demasiado al pensamiento humano. …”


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